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miércoles, 4 de noviembre de 2015

DEBUTANDO CON PICADORES

Después de un tiempo sin aparecer por aquí, más de un año, quiero intentar retomar esta aventura que comencé con mucha ilusión pero que debido a mis obligaciones diarias la tuve que dejar aparcada en el cajón del olvido.


Quiero intentar, periódicamente, volver a darle vida a este trocito de mí..., de mis vivencias, de mis pensamientos, de mis creencias; en definitiva de una parte importante de mi vida.


Y que mejor que volver a debutar que intentar sacarle punta a un tema que en los últimos tiempos está dando mucho más que juego y no es otro que la LIMITACIÓN DE EDAD DE LOS COSTALEROS por parte de algunas hermandades. Tema que desde algunos años se viene cociendo y dando forma en ciertas cofradías de Sevilla. Tema que daría para que corriesen ríos de tinta y que al final de todo no creo que sirviera para llegar a un punto de encuentro.


Yo personalmente me posiciono totalmente contrario a que una junta de gobierno se adentre en los terrenos que pertenecen única y exclusivamente a un capataz.


Hubo un tiempo, parece que lejano, en los que los cabildos de hermanos elegían a su Hermano Mayor, éste elegía a su junta de gobierno, ésta a su capataz y este último era que escogía a sus costaleros con total libertad; pero parece que hay algún eslabón de esta cadena que se ha invertido o se ha roto.


He tenido la suerte de torear en muchas plazas y algunas muy buenas, y he podido compartir cartel con hombres que con más de la dichosa edad han sido y son auténticos referentes en el trabajo de la gente de abajo. Hombres que curtidos en otra época, no tan próspera en número, y a lo mejor tampoco en calidad, han puesto y ponen toda su sabiduría al servicio de una cuadrilla, cosa de la que todos nos beneficiamos incluido la propia hermandad para la que presta sus servicios.


No creo que una junta quiera poner límites por el simple hecho de ponerlos, sino que estoy plenamente convencido que detrás de toda esta historia hay una cuestión meramente económica y de búsqueda de recursos, que al fin y al cabo es lo que buscan la mayoría.


También soy un convencido pleno de que el problema de todo esta historia no radica en tal o cual imposición de una junta determinada sino de la aceptación o bajada de pantalones de una capataz aceptando algo que a buen seguro no comparte, pero por miedo a... se acepta. Todo sea por salir en la foto.


Creo que esto camina hacia un rumbo complicado y peligroso. Pero a mí personalmente, estas historias me hacen valorar aún más unas formas de trabajar, unas creencias forjadas con la experiencia de muchos años y muchas semanas santas, formas y creencias de las que te sientes orgulloso de formar parte de ella.


La vida es una noria que hace que unas veces estés abajo y otras arriba, y quien sabe si dentro de unos años estaremos reclutando a hombres a los que injustamente se les echó de abajo por que ya no se confiaban en ellos. La confianza y la valía de un costalero no la puede determinar una junta de gobierno es sólo competencia de su capataz.


Quien sabe si alguna vez a las hermandades se les acaba la gallina de los huevos de oro y tienen que tirar de CAPATACES sin imposiciones y éstos de hombres de más de 50 años para que sus imágenes se vuelvan a pasear.


Pudiera parecer una utopía pero convencido estoy de que no lo es... tan sólo el tiempo será el que juzgue sentencia.

domingo, 27 de julio de 2014

Blanco y negro, COLORES DE ANTAÑO, colores de añejo...

Estas son algunas fotografías de los oficios de fuerza, afines al río, cargadores que en la primera mitad de siglo fueron costaleros de esas cuadrillas profesionales, para posteriormente serlo gente de la zona de los mercados de la ciudad y obreros hasta la diversificación de hoy en día.

El pregonero, Enrique Henares, en base a las declaraciones de sus entrevistados para su tesis, afirmó que "si no gusta bregar, esto se viene abajo", considerando así la afición como componente importante, aparte de la contraprestación económica que obtenían los antiguos costaleros profesionales.


En este estado de cosas, comentó una anécdota destacando el caso de Alfonso Borrero, un hombre natural de Paterna que cuando llegó a Sevilla "se presentó con sus pantalones de pana en el muelle y se llega a convertir en una persona influyente (capataz de la Virgen del Rosario de Montesión y del Nazareno del Silencio) contacta con círculos sociales, les arrenda fincas y emplea a sus costaleros como trabajadores en estos círculos sin saber leer ni escribir".


Volviendo a las anécdotas, también fruto de los múltiples significados y motivaciones que puede tener el sentirse costalero o querer serlo, fue el ejemplo del tasador del matadero de la Real Maestranza, el que pesaba los toros, que fue embestido por uno que se saltó el burladero, con el resultado de que se le cae la cartera con una imagen del Cristo de la Santa Cruz. Puesto que sale vivo de ese incidente, jura , promete y cumple sacar a ese Cristo al año siguiente rompiendo estigmas sociales que veían mal la profesión de costalero, se identifica con este mundo y le pide al capataz Rafael Franco cada día sacar un paso, entregando los beneficios de su salario a las hermanas de las niñas huérfanas.



El Doctor, López Montes por otro lado, argumentó que el capataz acudía en el auxilio de sus costaleros para satisfacerles económicamente a la hora de pagar un médico o de buscarle mediante sus contactos en la hermandad un abogado que le abogara de un juicio, mientras que los costaleros correspondían con actos como meterse debajo de la Virgen el Lunes Santo que murió un famoso pediatra que atendía a todos los niños de los hermanos de una hermandad sevillana y acompañar su féretro hasta la puerta del templo.



Así, se van formando las nuevas cuadrillas, como la de las " Tres Necesidades".......


Es entonces, cuando empiezan a adentrarse en el mundo del costal, gente de todos los ámbitos de la vida social, ya no sólo son peones del muelle, comienzan a entrar obreros, artesanos, y gente que hace de su profesionalidad, un rezo acallado y prudente.





"Henares, manifestó que los profesionales del costal eran "mal denominados" así porque en ellos concurrían en muchos casos motivaciones como la devoción, también puso en duda de que ésta sea estrictamente sentida y real en muchos costaleros de hoy en día, comprendiendo que los factores de personalidad, emoción y sentimiento religioso "son muy subjetivos, nunca pueden valorarse, ya que el auténtico costalero lo es por afición, que es lo que choca frontalmente con lo que oficialmente y formalmente se puede y quiere pretenderse hacer por las hermandades".




Henares Ortega, afirmó que la consideración de hermanos costaleros en los folletos oficiales con el número de hermanos de las hermandades raya "el límite de la hipocresía", ya que dentro de las cuadrillas "los hay hermanos y no hermanos, y es una realidad que no se debe ocultar", añadiendo que "si no hay afición, no hay costalero, pero es mejor disimularlo hablando del costalero devoto".


Y finalmente, concluye su intervención con una pequeña reflexión personal, en la que nos muestra la verdadera cara de la moneda: "Hay que huir de examinar los íntimos sentimientos religiosos de cada costalero", concluyó Henares, que añadió que "resulta injusto e impresentable prescindir de los buenos costaleros por la presunta existencia de los hermanos costaleros, con esto se vuelve a los tiempos de la mínima consideración social hacia el costalero, y se llega a dar eso del yo trabajo con o yo voy con (capataz) en vez de yo saco a (imagen titular)", finalizando "ni presunto profesionalismo ni devoción fingida, siempre respeto a esa afición, que es patrimonio del alma, y el alma patrimonio de Dios".

jueves, 23 de enero de 2014

LA DINASTÍA DE LOS FRANCO

Rafael Franco Luque, nacido en la localidad cordobesa de Palma del Río en 1881. A los 7 años se traslada con su familia a Sevilla, entablando desde los primeros momentos de su llegada un vínculo con la Semana Santa que se hizo más patente con los costaleros.

Por mediación de una amiga, conoce al capataz Antonio Torres Macías, conocido en el mundillo cofrade por “Juanillo Fatiga”, gracias al cual se fue introduciéndose en el ambiente de capataces y costaleros, participando en sus tertulias y comenzando a tomar sus propias convicciones de lo que tenía y no tenía que hacerse.

De esta forma, en vez de tomar escuela del Fatiga o de Tarila, este último de gran popularidad en aquellos días, toma partido por otro capataz que era considerado como de los más serios, Francisco Palacios, llegando este último a ofrecer a Rafael un puesto en su cuadrilla.

Su aprendizaje lo completa como ayudante de Francisco, entre los años 1905 y 1907, para ir pensando ya en tener su propia cuadrilla, todos de igual altura y disciplinados. En 1908, reúne a su primera cuadrilla de 40 hombres para sacar la Sagrada Mortaja, donde implementó la forma de llevar los pasos de forma natural y llevando terno negro, adoptándolo después el resto de capataces.

Su aceptación fue tal, que ese mismo año fue requerido por la Hermandad del Gran Poder, sacando esta Hermandad durante 35 años de forma casi continuada, salvando los años comprendidos entre 1926 y 1929. En 1910 es requerido como capataz de La Amargura, para llevar el mando del conocido “Silencio Blanco”, siendo ya el capataz y cofrade de esta Corporación durante toda su vida.


Cuando falta Francisco Palacios, se hace cargo de sus cuadrillas, pero al no querer continuar los hijos de Francisco con ellas desaparecen como tal, con respecto al capataz “Juanillo el Fatiga”, paso algo parecido, desapareciendo con él su cuadrilla y el apelativo.

Entre los ayudantes de Rafael se encontraban Agustín Miró como ayudante y Antonio Francés como contraguía, que pronto se independizaron y formaron sus cuadrillas, quedando a Rafael el sobrenombre de “Maestro de Capataces”. Tras abandonar la Mortaja, se incorporó como cofrade y capataz de San Isidoro, Hermandad en la que ha continuado su dinastía.

Destacar que también fue el primero en tener dos cuadrillas, hecho acaecido al ofrecerle ser capataz de La Macarena y, para no dejar el Gran Poder, formo otra. Esto mismo lo fue repitiendo al tener más Hermandades, como fue el caso de La Hiniesta, Prendimiento y Siete Palabras, Santa Cruz, etc. El hecho del aumento de las cofradías y el tener que sacar cada vez más, también aumentó su nómina de auxiliares, entre los que destacaron Manuel el del Gas, José el Naranjero, Ayala y Rafael Ariza Aguirre, este último estuvo 20 años junto al maestro y todos ellos obteniendo gran reputación, en mayor o menor medida. En 1922 se incorpora como capataz a La Candelaria, estableciéndose un vínculo de exclusividad que ha perdurado con el paso de los años.

En 1924 se hizo cargo de la reorganizada Cofradía de Las Penas de San Vicente, en la que estuvo al mando durante 18 años y en 1925 se hizo cargo de la Hermandad del Cachorro.

Rafael Franco Rojas, nació el 6 de febrero de 1913, siendo bautizado en la parroquia de San Lorenzo. Desde muy joven se interesó por el trabajo de su padre y el de otros capataces, haciéndose cargo a los 14 años, en 1927, del palio de la Hiniesta, convirtiéndose en el hombre de confianza de su padre, aunque Rafael Ariza continuó siendo el segundo.

En 1930 se desplazó a Jerez para sacar la Cofradía de San Mateo, llevando de segundo a José Ariza Mancera, hijo de Rafael Ariza. En Sevilla se incorporó a la Hermandad de La Soledad de San Lorenzo, mientras su padre sacaba San Isidoro y Ariza el Cachorro, siendo ya esta última cedida a Ariza a partir de 1928 y Las Cigarreras en 1930, comenzando desde entonces la era de Rafael Ariza Aguirre, como capataz independiente y cogiendo posteriormente Santa Cruz y La Macarena. En 1828, Rafael cambia con Eduardo Bejarano la Cofradía del Valle por la de Montensión.

Manuel Franco Rojas nació el 27 de abril de 1924, siendo bautizado en la parroquia de San Vicente. Comenzó en 1939 como ayudante de su padre, cuando aún no tenía los 15 años, mientras su hermano se encargaba de la segunda cuadrilla de su padre.


Rafael Franco Luque se hizo cargo del Calvario y La Carretería, mientras que su hijo Rafael se hacía cargo de su primera cofradía propia, al reorganizarse la Hermandad de La Vera Cruz, siendo primer y único capataz desde 1944, además participó como cofrade en la vida de esta Hermandad, llegando a ser consiliario de su Junta.

1946 sería el último año de Rafael Franco Luque como Capataz, incluyendo en su nómina la Hermandad del Museo. El 1 de febrero de 1947, falleció a la edad de 66 años, llevando como último traje, en un sepelio multitudinario, la túnica de la Hermandad de La Amargura. El féretro fue llevado desde la parroquia de Santa Cruz hasta el cementerio de San Fernando a hombro de costaleros, capataces y cofrades. El propio Rafael Ariza Aguirre lo definió como el mejor capataz de todos los tiempos.

Rafael Franco Rojas, se hizo cargo de las dos cuadrillas de su padre y todas sus cofradías, queriendo Manolo Franco continuar como ayudante de su hermano. Con Rafael nacen los conocidos “Ratones”, costaleros de baja estatura que se hicieron famosos por la forma de andar sobre los pies en los palios.

En los años 50, llego a sacar en la Madrugá tres hermandades, al incorporarse a La Macarena y seguir en el Gran Poder y Calvario. En 1954, en vísperas de la Coronación Canónica de su Virgen de la Amargura, fue cesado como capataz de su Hermandad, hecho que afectó mucho al capataz. En 1957, saca por primera vez el palio de la Virgen de las Tristezas, que se estrenaba por primera vez. Igualmente se produce en estos años la incorporación a las hermandades de San Roque, La Cena y Trinidad. Igualmente, de forma más esporádica, sacó las hermandades de San Esteban, San Benito, Dulce Nombre, Buen Fin, Exaltación, Quinta Angustia, El Valle o Gitanos y terminó su extensa etapa en el Gran Poder.



La tercera generación de capataces comienza con Rafael Franco del Valle, nacido el 23 de noviembre de 1940, que debutó como capataz auxiliar en 1956. Se retiró en 1965, teniendo desde entonces esporádicas intervenciones. Sus hermanos Juan Antonio y Carmelo Franco del Valle, nacieron el 18 de junio de 1943, comenzando a trabajar con su padre en la Semana Santa de 1959, llevando el paso de la Virgen de Regla. Otro de los auxiliares de Rafael Franco fue Rafael Salvatella.

En 1960 Rafael Franco vuelve a sacar La Macarena, tras la etapa de Alfonso Borrero, igualmente se incorpora al Cachorro y deja la Carretería. En 1964, con las dos cuadrillas integradas en La Macarena, tuvieron la ocasión de ser partícipes en la Coronación Canónica de la Titular.



En los años 60, la Hermandad de Madre de Dios del Rosario tenía como hermano mayor a Rafael Franco y a su hermano Manolo Franco como secretario, alcanzando esta Hermandad gran esplendor en esta década. 1965 marco la incorporación de Rafael Franco como capataz de Pasión y El Silencio y la no continuación en La Macarena. El Domingo de Ramos de este año saca tres hermandades, al requerirlo en última instancia la Hiniesta y el Viernes santo otras tres, al pasar la Trinidad a este día a causa del Santo Entierro Magno.

El fallecimiento de Julián Sánchez Grau y la avanzada edad de Antonio Parugue, además del distanciamiento de Rafael Franco del Valle, hace que tome impulso la carrera de Juan Antonio y Carmelo del Valle, que se hacen con puestos fijos en San Roque, Expiración del Museo, Candelaria, Virgen de la Cabeza, de la Merced, de la Concepción y del Patrocinio, en el caso de Juan Antonio y Gracia y Esperanza, Aguas del Museo, Salud de San Nicolás, Siete Palabras, Señor de Pasión, Nazareno del Silencio y Cachorro, en el caso de Carmelo.

Aparte de eso, tuvieron casos independientes como Santa Marta o Cristo de Burgos y colaboraciones conjuntas en Esperanza Trinidad, Santa Cruz o Esperanza de Triana. En 1975, coincidiendo con la transición a las cuadrillas de hermanos costaleros, supuso la continuidad de Rafael Franco Rojas en solitario, junto a su hermano Manolo, debido a diversos motivos laborales que apartaron a sus hijos del martillo. Rafael murió el 24 de marzo de 1985, eso sí: como capataz en activo. El 31 de enero de 2011, fallecía el capataz y escritor Carmelo Franco del Valle a consecuencia de una larga enfermedad.


domingo, 19 de enero de 2014

LA DINASTÍA DE LOS BEJARANO

Eduardo Bejarano Vélez nació en 1888, comenzando su andadura como capataz en 1910, cuando a la muerte de Francisco Palacios, le sustituyó   en el Silencio.

Eduardo ejercía de capataz el Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo, cediendo su cuadrilla el resto de días a Eugenio García “El Gaseoso”, que fue padrino de Manolo Bejarano Rubio, nacido el 2 de febrero de 1920. Además de contar con El Gaseoso, su hermano Francisco Bejarano también le ayudaba en las labores de mando.

Hombre comprometido con su cuadrilla, que además era capataz del muelle, tuvo en un principio las cofradías de Montesión (que permutó con Rafael Franco por El Valle) y la O (que dejaría por El Cachorro), además de la ya nombrada del Silencio.

En 1940 fallece Eduardo a los 52 años, que sumado al distanciamiento de su hijo Manolo, aun con inexperiencia a la edad de 20 años, hicieron que se hiciera cargo de las cuadrillas Alfonso Borrero.

Manolo Bejarano, aunque siguió con las labores de capataz en La Virgen de los Reyes y otras Glorias vinculadas a su padre, no se incorpora como capataz hasta 1948, estando 21 años al frente de La Estrella, Lanzada y Montserrat, aparte de estar menor tiempo en Las Penas, Javieres y Gran Poder, sacando ocasionalmente a La Trinidad.


En 1948 nace su hijo Eduardo Bejarano Uceda. Su retirada en 1970, sobre todo por problemas de salud, no impidieron que esta dinastía, haya pasado con letras de oro a la historia del martillo y la trabajadera, siguiendo la misma de la mano de Eduardo e Iván Bejarano.


Manolo Bejarano introdujo en paso racheado durante su permanencia casi por 12 años al frente del Gran Poder. Se puede hablar de Manuel López Díaz “El Moreno”, como el sucesor de Manolo, que también contó en sus filas con ayudantes de la categoría de Antonico y Salvador Perales. Manolo falleció el 19 de octubre de 1998.


No hay que olvidar que el apellido Bejarano está íntimamente ligado a la Virgen de los Reyes, siendo más de medio siglo de vinculación entre la salida de la Virgen y este apellido.

Manolo Bejarano / Foto: Miguel Ángel Osuna









La Dinastia de los Bejarano / Foto: Jesús Martín Cartaya


domingo, 29 de diciembre de 2013

HOMBRES DE LEYENDA

 

 

Pepe Ariza y su hijo Rafael en San Julián. 1958

 

 

 

 

Rafael Ariza Aguirre. Semana santa 1963

 

 

 

 

José Ariza. Sábado Santo 1965

 

 

 

Alfredo Torres, Manolo y Eduardo Bejarano 1992.

 

 

 

 

 

Rafael Franco 1981

 

 

 

 

 

Salvador Dorado, 1976

 

 

 

 

Salvador Dorado, 1976

 

 

 

 

Luis, Antonio y Manolo Rechi. 1983

 

 

 

 

Luis Rechi en Santa Genoveva. Paso a nivel. 1962

 

 

 

Alfonso Borrero en San Bernardo. Semana Santa 1954

 

 

 

 

 

Vicente Pérez Caro. Viernes Santo Madrugá. 1972

 

 

 

 

Máximo Castaño. Domingo de Ramos. 1970  

 

 

 

 

Domingo Rojas Puerta. Miércoles Santo. 1975

 

 

 

 

Salvador Perales, Manuel Moreno y Alberto Gallardo. Miércoles Santo. 1982

 

 

 

 

Manuel Santiago. Paso de la Sentencia Macarena. 1970

 

 

 

 

José Luque. Jueves Santo. 1993

 

 

 

 

Manuel Hierro Alfonseca. Semana Santa 1965

 

 

 

 

José Lérida Vargas y Rocardo "el Balilla". Octubre 1988

sábado, 9 de noviembre de 2013

EL TRATO SECRETO ENTRE LOS CAPATACES MANOLO ADAME Y SALVADOR DORADO "EL PENITENTE"

 

Manuel Adame Torres, fue un hombre que se tuvo que hacerse así mismo en el mundo de la gente de abajo. A este capataz trianero, nadie le regaló nada nunca, y todo lo tuvo que alcanzar sin ayuda de nadie. Manolo se dedicaba profesionalmente a realizar labores de capataz en el muelle de Sevilla, lugar que durante mucho tiempo fue un auténtico vivero de costaleros para la Semana Santa de Sevilla, aunque no el único.

Manolo Adame se inició en este mundo desde la misma base, primero fue costalero de la cuadrilla de Salvador Dorado Vázquez “El Penitente”, para posteriormente ascender a contraguía y finalmente terminar siendo segundo capataz del paso de Cristo.

 

Con el tiempo terminó formando cuadrilla propia con otro capataz de gran recuerdo, Paquito Quesada, prototipo de capataz de “paso de palio” mientras que Manolo Adame era el capataz clásico de “paso de Cristo”. Formaron un tándem especial hasta que por motivos de salud Paquito se retiró, pasando entonces Manolo a la delantera de los pasos de palio. 

                           

Inicialmente Manolo sólo tenía dos cofradías en Sevilla, Exaltación y Sagrada Mortaja, por lo que el resto de los días de la semana trabajaba con su cuadrilla por localidades de la provincia.

El espaldarazo definitivo le llegará tras sacar por primera vez a la Hermandad de San Esteban, después del excelente resultado obtenido por la cuadrilla, las hermandades principales comenzaron a llamar a su puerta, aunque la cuadrilla de Manolo Adame será siempre recordada en Sevilla por las duras corrías que cada año tenía que afrontar, con importantes pasos de misterio.

Sacó durante su trayectoria como capataz las siguientes hermandades; La Estrella, La Amargura, Las Aguas, Santa Genoveva, San Gonzalo, San Esteban, Los Panaderos, Exaltación, El Silencio, El Calvario, La Mortaja y El Santo Entierro.

 

Nos situamos en los primeros días del mes de enero del año 1970, las navidades están todavía a la vuelta de la esquina y en el seno de la trianera Hermandad de la Estrella se plantean la elección del nuevo capataz de la cofradía después de la retirada de Manolo Bejarano, acontecida tras la Semana Santa del año anterior (1969). Los primeros intentos de la hermandad van encaminados hacia los dos grandes capataces del momento; Rafael Franco Rojas y Salvador Dorado “El Penitente”.     

 

Tras le negativa de Rafael, que ya contaba el Domingo de Ramos con dos hermandades, La Cena y San Roque, le llega el turno a Salvador, el cual igualmente declinará el ofrecimiento alegando que ganaba más dinero sacando los tres pasos de la Hermandad del Amor. No obstante, Salvador se permite la licencia de aconsejar la contratación como capataz de la hermandad de la calle San Jacinto, a Manolo Adame, al cual le unía una gran amistad desde la época de permanencia de Manolo en la cuadrilla de Salvador.

 

Inicialmente a la hermandad no le hizo mucha gracia aquello, pero el buen momento por el que atravesaba la cuadrilla de Manolo Adame, y el hecho que fuera trianero de cuna terminaron de decantar la balanza a su favor. Una vez cerrado el acuerdo entre el nuevo capataz y la hermandad, ya sólo faltaba por cerrar un pacto secreto al que habían llegado Manolo Adame y su amigo Salvador Dorado “El Penitente” como pago de los buenos informes que Salvador procuró de Manolo a la hermandad.

 

 

El pacto sellado entre los dos capataces era el siguiente: Al regreso del paso de palio de la Virgen de la Estrella, en la entrada misma de Triana una vez pasado el puente, la cuadrilla de Adame tenía que dejar dar una chicotá larga a la cuadrilla del “Penitente”.

 

Y llegó la madrugada del Lunes Santo. La Hermandad de la Estrella retorna por el puente a la iglesia de San Jacinto después de haber realizado la estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, mientras la cuadrilla de palio del “Penitente” una vez encerrado el paso de la Virgen del Socorro toma posiciones en las inmediaciones de la capillita del Carmen.        

 

Llega el momento de la verdad, el paso de la Virgen de la Estrella ya se encuentra en suelo trianero. Después de que Manolo Adame y el que por entonces era su segundo Máximo Castaño Lagares, hicieran salir –no sin gran trabajo- a su cuadrilla para dar paso a la otra, se levantó el paso de palio de la Estrella al son de la marcha Campanilleros de aquella forma tan sin igual, que popularizó la cuadrilla de Salvador Dorado, meciendo el paso mientras se levantaba a pulso. El delirio entre el público se hizo presente, no parando de aplaudir hasta que los costaleros posaron el paso en el suelo al concluir la chicotá.

 

Ahora tocaba colocar de nuevo bajo las trabajaderas del paso a la cuadrilla de Manolo Adame, ésta, herida en su orgullo por haber sido sacada del paso sin su consentimiento, se negaba a ocupar nuevamente sus puestos. El momento era una mezcla de tensión, expectación y sentimientos no comprendidos. Sólo los ruegos de Máximo y las lágrimas de Manolo que no sabía cómo solucionar aquello, consiguieron que la cuadrilla, eso sí con alguna falta se metiera debajo del paso de la Virgen de la Estrella nuevamente.

 

Manolo era un hombre recio, tosco, al que difícilmente se le notaban las emociones, pera aquella madrugada de Lunes Santo, las lágrimas le afloraron en un corto espacio de tiempo, la primera vez como consecuencia del problema que se le venía encima con su cuadrilla, referido anteriormente, y poco tiempo después la segunda, cuando su cuadrilla ya colocada debidamente avanzaba sobre los pies de forma majestuosa por la calle San Jacinto con la Virgen de la Estrella en una chicotá que para los allí presentes pareció eterna.

 

El pique surgido entre las dos cuadrillas fue el resultado del pacto secreto al que habían llegado los dos capataces, ajenos a la sensibilidad y el amor propio de sus costaleros.

martes, 29 de octubre de 2013

EL ORIGEN DE LOS "CHIQUININOS"

Rafael sacando el Palio de San Esteban, no tiene desperdicio la foto, el viejo costalero, los Guardias Civiles, el policía mirando el trabajo de los costaleros y Rafael Franco arengando a su cuadrilla de los ratones en la salida.



La mítica cuadrilla de "los Ratones"

Una de las preocupaciones que más quebraderos de cabeza daba a los antiguos capataces era, sin ir más lejos, la altura media de su cuadrilla. Las levantás y arriás de largo trayecto terminaban por fatigar en exceso a los hombres. Rafael Franco Rojas (considerado como el mejor capataz de la historia), continuó la línea de su padre en la selección de costaleros por estatura, y con la idea fija de reducir esta al máximo para conseguir una mayor perfección en el movimiento de los hombres.


Este fue el origen de la célebre cuadrilla “de los ratones”, así apodados por su escasa altura, que sería pronto mitificada por numerosos entusiastas durante las décadas de los 50 y 60, debido a la perfección que alcanzaron en el trabajo sobre los pies en los palios como los de la Virgen de Regla, El Cachorro, la Macarena, Monte Sión, La Virgen de las Aguas, etc.


La famosa cuadrilla "de palio" conocida como “la de los ratones” la formó el padre de Rafael Franco (para sacar sus pasos de palio) con gente mucho más chica porque se dio cuenta que levantar mucho los pasos era algo que destrozaba a los hombres. Mucho subir y mucho bajar era algo que agotaba.


Esa cuadrilla inventó lo de llevar los pasos sobre los pies, sin mecida ninguna, andando “na más”.

Célebres costaleros como “el Boli” pertenecieron a esta cuadrilla para la cuál incluso hubo que calzar las parihuelas y trabajaderas de algunos pasos..


Esta antigua cuadrilla fue la primera en crear un “estilo propio” en más de un aspecto: Crearon un estilo propio de andar, de vestir, de comportamiento, de todo… Había aficionados que sin ver las caras, ni el capataz, sabían si un paso lo llevaban “los ratones”. Se veía a distancia las levantás que hacían, el movimiento de bambalinas, las mecías hacia adelante, los pasitos cortos...


A la memoria de su capataz, Rafael Franco Rojas, el Ayuntamiento les concedió una calle. La calle “Capataz Rafael Franco”, es la antigua vía del Carpio, desde la Campana hasta la calle Tarifa, y que fue solicitada primeramente por su Hermandad de la Vera Cruz, donde con su Virgen de las Tristezas se conocía más si cabe, su cuadrilla de los ratones que a tantas generaciones han dejado marcadas…